Películas en el teatro a partir del 3 de mayo.

Reconocido cantante del horror post moderno, a medio camino entre la farsa y la salpicadura, Álex de la Iglesia ciertamente no es un director con medias tintas. Con él no hay escondido detrás de las metáforas: vas directo al grano. Y así, si un trío de madrileños, respaldado por un robo tan atrevido como espectacular, y huyendo con el hijo del líder, piensa más o menos que las mujeres son la maldición de su vida y se parecen más a los demonios que a los ángeles, eso es el destino lo envía a una familia de brujas reales. Vasco, además, y desde hace algún tiempo en busca del sacrificio masculino para recuperar, si no el mundo, al menos España. Contado sin preocuparse demasiado por la verosimilitud, pero con un ritmo que nunca se afloja y con un bagaje de hallazgos que parece interminable, la última película de De la Iglesia es una comedia irreverente y sin sentido. Tan exagerado al relatar la guerra entre los sexos para cancelar toda posible acusación de misoginia, provocativamente inconexa y complaciente infantilmente. Además de ser muy gracioso.